La Santitos fue durante cinco años mi lugar favorito para los almuerzos de domingo. Algunas veces me atendieron bien, otras el negro lindo fue ingrato y olvidadizo, y aunque les trajo sus platos a todos mis amigos, dejó para el final su aviso: “señorita, ya se acabaron las uñas de cangrejo. No le podremos traer [...]
Metieron su cuchara